sábado, 16 de agosto de 2014

La PNL en sí misma. Un poco de historia (I)


Cuando releemos parte del innumerable material que hoy circula en torno a la Programación Neuro-Lingüística (PNL), se hace bastante difícil dar con algún texto que dedicándose a la misma, aventure alguna definición que vaya más allá de las señales identitarias del marketing.
En efecto, presentada desde sus orígenes, en mucho por sus mismos creadores: Richard Bandler (1950) y John Grinder (1940), como una herramienta sin necesidad de grandes soportes estructurales, como un modelado sobre el que sólo basta saber si funciona o no, si es útil antes que verdadero [BANDLER - GRINDER. De sapos a príncipes. Transcripción del seminario de los creadores de la PNL, Gaia Ediciones, Madrid, 2000, pp. 21-22, 25].
De este modo, seguramente como reacción al espíritu academicista que entonces rodeaba el mundo de la salud mental estadounidense, desde el principio la vemos de la mano de sus promotores vinculándose al mundo de la consultoría de élite. De hecho, Timothy Gallwey (1938), uno de los primeros instructores en homologar deporte de élite y dirección empresarial, siempre ha reconocido la deuda capital del coaching respecto a la PNL. Es por eso que nos encontrarnos con definiciones que apuntando principalmente a los logros y a la eficacia, nos presentan la neuro-lingüística desde claves como la actitud, la curiosidad o el deseo de aprender. Todas cualidades dirigidas unilateralmente hacia la excelencia desde lo que sería una cierta concepción mercantil de la vida y sus retos.
Ahora, sea simplemente la PNL lo dicho, o una metodología o una técnica como también suele caracterizársela, es un hecho que cuando Bandler y Grinder a principios de los ´70 emprenden el trabajo conjunto de investigación que poco a poco les llevará a desarrollar los presupuestos básicos de la Neuro-Linguistic Programming [el término acuñado por Bandler y Grinder (NLP) no salió a la luz hasta 1977, cuando Robert Dilts (1955), nuevo colaborador de estos, lo lanzó abiertamente a la comunidad científica], saben perfectamente qué es lo supuesto detrás de cada uno de los términos que emplean. Saben que lo que tienen en sus manos no es un producto psicológico más, fácilmente dirigible al mercado del bienestar. Sin embargo esto es lo que en mucho parece haber sucedido. ¿Por qué?
Pues bien, de todo esto comenzaremos a hablar en breve. Síguenos para así entender de qué hablamos cuando hablamos -seriamente- de PNL...
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Un saludo.

jueves, 31 de julio de 2014

Para no "des-encaminarnos" frente al silencio y el ruido

Hace apenas unos días caíamos en la cuenta de la contradicción que supone optar por el silencio personal (de donde el resurgir de las prácticas meditativas), cuando a la par, culturalmente, públicamente seguimos siendo lastrados por el ruido. Nos preguntábamos entonces si no sería necesario comenzar a generar estrategias de reclamo y cuidado frente al nada cuidado silencio público y sus formatos normativos anti-diálogo y anti-comunicación (respectivamente aludíamos a la tertulia mediática y al uso irracional de lo tecnológico). Esto, porque mirar para otro lado o simplemente desconectar, pueden ser estrategias pobres, demasiado solipsistas, des-encaminadas por tanto al momento de asumir la cuestión.

A propósito, ved como desde lo metafórico, el monje del vídeo de animación que os ofrecemos, nos representa a todos y cada uno a la hora de enfrentar la contradicción que estamos llamados a superar. Observad cómo progresivamente cambia de actitud ante la realidad -la simbolizada por el perrito y su bola- que le toca. Disfrutad también de la solución que encuentra. Esperamos que os guste y ayude a repensar el propio camino frente al silencio personal y público.


Quedamos como siempre a vuestra disposición. Podéis escribirnos o llamarnos.
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006, Zaragoza
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miércoles, 23 de julio de 2014

Del silencio personal al silencio como bien público

Nuestras anteriores publicaciones giraban en torno al valor del silencio como puerta de entrada al descubrimiento de uno mismo, como acceso a la propia interioridad. Un valor que hoy parece re-descubrirse de la mano de unas experiencias milenarias que no por azar fueron quedando arrinconadas respecto a otros humanos o in-humanos desarrollos. Sin embargo, más allá de las complejas causas de esto, tal vez convenga hacer una advertencia de cara al presente de la cuestión. No por ser agoreros, sino para evitar caer en la banal perspectiva de porque algo comienza a ser frecuente -en este caso el silencio y la meditación- debemos quedarnos satisfechos respecto a su sentido y uso.
¿De dónde surge nuestra inquietud? Pues de evidencias, mal que nos pese, harto frecuentes. En efecto, desde lo contradictorio que los humanos somos, parece que sin problemas, el benéfico silencio personal y el imposible silencio público que nos rodea pudieran convivir sin más. Como si de pronto entre ruido ambiental y experiencia real de silencio (silencio que no es solo callar) hubiésemos podido invertir sus contradictorios vínculos; pudiendo pasar de lo uno a lo otro -en perfecta solución de continuidad- sin inconveniente alguno.
Dos ejemplos servirán para visibilizar lo que decimos respecto a esta falaz pretensión que cree poder poner en valor el silencio, cuando se sigue inmerso en el ruido público. Primer caso: el de nuestras relaciones. Cada vez más invadidas por continuos bla, bla, bla, se dispersan en un huracán de estímulos que no son más que expresión de nuestra huida del silencio verdadero. Tal vez porque éste nos asusta demasiado. Pensemos si no en la atrofia de los pulgares entre los jóvenes por el uso continuo del móvil, o peor aún, en la atrofia que significa que muchos ya pidan perdón, ante la exigencia de estar siempre conectados, si no lo están durante un determinado momento. Pero sin duda el segundo caso: el de los modelos normativos de diálogo, es el que mejor habla de la seducción del ruido entre nosotros. Recientemente Ángel Castiñeira y Josep Lozano (EL PAÍS, 14/03/2014) apuntan a ello cuando recuerdan que "en tecnología se dice que hay que reducir el ruido para poder captar la señal... (así) cada vez más llamamos diálogo (con el ejemplo de la tertulia mediática a la cabeza) a la refriega de dos individuos confrontados en su separación, sin caer en la cuenta de que en el diálogo no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a la conversación que compartimos y construimos..."  ¿Claro no?   
¿Cuál es la advertencia entonces? Pues la de asumir la contradicción (solo así iremos superándola) de que por más opciones que hagamos en favor del silencio personal, culturalmente, públicamente, seguimos siendo lastrados (y por ende casi determinados) por el ruido. Por tanto, quizá sea aquí donde tengamos que comenzar a generar estrategias de reclamo y cuidado. ¿Es suficiente  "no ver" o "desconectar"?

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lunes, 9 de junio de 2014

Cuando el silencio se hace Grande...

Hace un tiempo, en torno al silencio, ofrecíamos algunos hechos y palabras. Quizá un ofrecimiento redundante tratándose de un tema como este. Entonces, muy acertadamente, una de nuestras seguidoras nos recordó una película fascinante: El Gran Silencio (2005). Dirigida por el alemán Phillip Gröning, trata de la vida de los cartujos del Grande Chartreuse, el monasterio de referencia que la Orden tiene en los Alpes franceses. No es un film fácil. Austero, cercano a la meditación, a la vida en estado puro, sin música salvo por los cantos de los monjes, sin entrevistas... es quizá una de las puertas cinematográficas más logradas que al momento tengamos para percibir de lleno, lo que el propio trailer que os dejamos recoge como el sentido fundamental del silencio:

"Solo en el silencio más absoluto se empieza a oír. 
Solo cuando se prescinde del lenguaje se empieza a ver".


Pero sin duda, al hilo de la valoración que la película ofrece en referencia al silencio como condición de posibilidad ineludible para la interioridad, o si queréis para "un mejor desarrollo del cuidado de nosotros mismos y de los demás", pueden venirnos a la mente muchas otras referencias. Solo por mencionar una, y también por poner en paralelo a la experiencia occidental la oriental, recordemos la deliciosa: Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera (2003) del surcoreano Kim - Ki-duk. Otro modo de mostrarnos como el silencio puede ser aquella forma de entender y asumir la existencia que a veces buscamos a tientas.

Ambos films nos enseñan que solo en el silencio se escucha, solo en el silencio se ve... por eso, parafraseando la crítica que en su momento hiciera Javier Cortijo sobre la primera, podríamos decir que son: "pórticos rarísimos y sobrecogedores donde la rutina se convierte en gloria gracias al silencio que decide hacerse Grande".

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jueves, 8 de mayo de 2014

Hechos y palabras en torno al silencio

Esta vez os dejamos algunas pequeñas perlas acerca de este tema que tanto nos interesa: el silencio. La primera:

Contaba una joven religiosa que muy agobiada fue a consultar a su acompañante espiritual: "Mire, padre, estoy muy preocupada. Es que, cuando estoy mejor en la capilla, es cuando no hago nada, ni pienso en nada; simplemente estoy". El sacerdote sonrió: "No se preocupe, hermana, acaba de descubrir el silencio". La religiosa no se fue muy convencida. ¿Cómo podía alcanzar aquella paz interior sin pensar, reflexionar, sin leer algo? Y sin embargo, estando así simplemente, saboreaba una quietud y una alegría que nunca hasta entonces había disfrutado.

Otra, sacada de unos magníficos versos de Benedetti:

Que espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas.

Y la última, la del dinamismo que transmite Ana María Schlüter -religiosa, filósofa y maestra zen- cuando dice que: "el silencio es regresar a casa". Una invitación a liberarnos de todo lo que no somos ni nos deja ser. De ahí el temor al silencio mismo; fundamentalmente por identificarlo con la soledad y el vacío, cuando en realidad se trata de una soledad acompañada y de un vacío lleno de posibilidades.

Esperamos que los tres aportes os gusten y sobre todo os ayuden con vuestro silencio.
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