En relación a la tristeza, hay que decir que la capacidad de recuperar la esperanza tras los obstáculos que la originan y así encaminarnos hacia una visión optimista de la vida no es algo que esté naturalmente dentro de nosotros, pero tampoco fuera. Está a medio camino; ello porque el desarrollo individual permanece vinculado al desarrollo social. Las personas resignificamos y grabamos en nuestra memoria los hechos que nos ocurren, según las reacciones emocionales de quienes nos rodean o de la cultura en la que estamos inmersos.
Por eso las grandes tristezas no desaparecen, mutan en todo caso hacia algo que nos acompañará el resto de nuestras vidas. Algunas veces, una cicatriz saneada, cerrada. Otras, un volcán dormido que nos habita a todas horas. De ahí que lo primero sea siempre evitar la trampa de la resignación. Y lo segundo, intentar recuperar el espacio vital robado. ¿Cómo? Pues optando por mirar a la cara a nuestra tristeza para así transformarla.´El dolor se va solo cuando hemos aprendido de nuestras lecciones`decía Elizabeth Kübler-Ross.
Y como parte esencial de ese mirar, asumir que la tristeza, o mejor dicho, la pérdida que está en su raíz, conllevará un complejo proceso de duelo. Proceso que la propia Kübler-Ross protocolizó. Así, al primer estadio de la negación o no aceptación, seguirán el de la ira y la negociación. Tres etapas que con su relativa duración nos irán haciendo pasar del entumecimiento y la inacción primeras a un cierto intento de recuperación o cambio vital. Seguidamente, la depresión, la impotencia profunda ante lo perdido. Finalmente, la aceptación como modo de incorporar en nuestra vida la pérdida sufrida, un modo activo de hacernos con la realidad y sus límites muy alejado de la resignación.
Pero entre tanto, como formas efectivas de ahuyentar la tristeza y mejorar el duelo, recordemos dos cosas. Primero, son siempre más satisfactorias las buenas acciones que las placenteras. En efecto, las actividades hedonistas no incrementan la sensación de bienestar, por el contrario, sí las actividades significativas.
Segundo, maximizan el bienestar los cambios intencionados antes que los circunstanciales. Cambiar de casa, coche o país donde residir puede producir un alto nivel de satisfacción, pero el mismo será más efímero que cualquier otro cambio vinculado al esfuerzo progresivo, ya sea conquistar una meta o desarrollar una nueva actividad.
lunes, 22 de agosto de 2016
miércoles, 10 de agosto de 2016
Cartografiando emociones. Nuestra tristeza (I)
Al igual que el miedo y la rabia, la tristeza cumple una
función evolutiva. Frente a las situaciones de pérdida o el fantasma de la añoranza,
la hemos necesitado y la seguimos necesitando para sobrevivir. Aunque claro, no
todos nos enfrentamos a ella de la misma manera, de hecho algunas personas son
incapaces -hasta clínicamente- de resistir los embates de la vida. Con todo, la
mayoría somos suficientemente tesoneros de cara a la adversidad; incluso
algunos muestran una especial capacidad ante lo que para otros sería traumático…
acaso no conocemos o nos encontramos con resilientes a diario.
La tristeza en sí misma es un estado psico-físico complejo y
pertinaz. De hecho, cuando su señal de alarma suena, todos los rincones de
nuestra vida son afectados, haciendo de la existencia un camino árido y
solitario. En efecto, hoy sabemos que cuando irrumpe afecta a cerca de setenta áreas
cerebrales: las que procesan el conflicto y el aislamiento social, la memoria
y los centros de recompensa del cerebro, la capacidad de atención y las sensaciones
físicas, sobre todo inhabilitándonos para gestionar el gran o pequeño desastre
que ha golpeado a nuestras puertas.
Dice Elsa Punset [2009, Inocencia Radical] que en su cruda
esencia es un mecanismo defensivo ante el miedo a la perdida. Pero claro, de
primeras no lo vivimos así, porque cuando estamos tristes sentimos fundamentalmente
dolor. Dolor que vendría a expresar el anhelo de lo que fue o de lo que pudo
haber sido. Así, la tristeza -siempre más difusa que el dolor objetivamente causado
por esto o aquello- surge porque algo hemos perdido, o porque no hemos podido
encontrar aquello que hubiese podido colmar los deseos y vacíos de nuestras
frágiles vidas.
En breve, algunas líneas sobre las maniobras con que
intentar enfrentarnos a la misma…
Mientras tanto, escribidnos a llamadnos.
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
616 02 38 22
Saludos cordiales.
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jueves, 17 de marzo de 2016
Cartografiando emociones. Nuestros miedos (V)
Dentro del esquema que hace a los miedos
interpersonales o sociales, vamos a detenernos hoy en los
relacionados con las capacidades de logro, con las metas que nos proponemos.
Existen al respecto dos dinámicas: la del ´fracasado` en la que la frustración o la decepción serán las sensaciones típicas aún cuando se tengan indicios de éxito, y la del ´perfeccionista` en la que la sensación de valía vendrá dada por lo que se
consiga, no por lo que se es.
Originadas respectivamente en la experiencia de exigencias
exageradas y en la ausencia de plenos beneplácitos durante la infancia, ambas
dinámicas determinarán personalidades muy diferentes. En el caso del fracasado
supondrá el esperar siempre poco respecto a sus metas. En el caso
del perfeccionista, demasiado.
¿Qué hacer frente a las mismas? Pues lo de casi siempre. Detectar consistentemente las propias fortalezas y así comenzar a frenar las actitudes de hipercrítica y autoexigencia.
Con esto, damos por terminada nuestra breve cartografía del miedo. En breve intentaremos lo mismo con el resto de nuestras emociones. En particular las disfuncionales; el dolor y la rabia.
Mientras tanto, podéis escribirnos a llamarnos. Estaremos encantados de escucharos o atenderos.
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006, Zaragoza
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
facebook.com/terapiafilosoficasergiolopezcastro
616 02 38 22
viernes, 11 de marzo de 2016
Cartografiando emociones. Nuestros miedos (IV)
Retomamos hoy la ´cartografía de nuestros miedos`. Hemos dejado atrás los relacionados con nuestra intimidad. Toca por tanto, comenzar con los que más afectan nuestra relación con los otros, sea en lo laboral, lo familiar o lo social. Como con los miedos intrapersonales, en este caso: el de los interpersonales, también contamos con diferentes esquemas. Comencemos por dos de ellos:
El esquema del excluido: las personas aquejadas por este modelo relacional suelen quedarse en la periferia de la vida social porque temen el rechazo de los demás. Aparecen aquí el niño con el que nadie quería jugar, el que tuvo una familia diferente o el que simplemente no solía encajar. De ahí que las estrategias típicas en este caso consistan en evitar los grupos donde eventualmente pueda haber rechazo, o simplemente estar en esos grupos u otros, sin participar. Aunque también puede darse el hecho de empeñarse por ser el miembro perfecto de los mismos. ¿Qué hacer? Pues un antídoto eficaz consistirá en retar de forma consciente y práctica, este miedo a no pertenecer.
El esquema del miedoso: En este caso hablamos de vulnerabilidad y pérdida de control. Las causas pueden ser muchas: miedos reales o imaginados, referencias familiares alarmistas o catastrofistas, situaciones de indefensión, etc. El comportamiento propio de este modelo es el de la prudencia exagerada, el del temor permanente y marcado. El remedio, como en el caso anterior, retar estos miedos para recuperar así un espacio más amplio donde poder disfrutar de la vida.
En breve, los esquemas restantes...
Mientras tanto, como siempre, podéis escribirnos a llamarnos. Estaremos encantados de escucharos o atenderos.
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006, Zaragoza
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
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El esquema del miedoso: En este caso hablamos de vulnerabilidad y pérdida de control. Las causas pueden ser muchas: miedos reales o imaginados, referencias familiares alarmistas o catastrofistas, situaciones de indefensión, etc. El comportamiento propio de este modelo es el de la prudencia exagerada, el del temor permanente y marcado. El remedio, como en el caso anterior, retar estos miedos para recuperar así un espacio más amplio donde poder disfrutar de la vida.
En breve, los esquemas restantes...
Mientras tanto, como siempre, podéis escribirnos a llamarnos. Estaremos encantados de escucharos o atenderos.
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lunes, 29 de febrero de 2016
Cartografiando emociones. Nuestros miedos (III)
De los llamados miedos intrapersonales, es decir, de los que -de modo objetivo o no- más directamente atentan contra nuestra intimidad o aquello que más queremos, nos detendremos hoy en los dos últimos. Recordando que siempre responden a una causa, se manifiestan según un patrón más o menos claro y tienen puntuales caminos de salida, sus esquemas son:
El ´esquema
de la desconfianza`: originado en el abuso intencional, físico o emocional, es
entendible que sus estrategias sean la inseguridad y el retraimiento. Por eso
algunas de las personas presas del mismo o vigilan sin cesar a sus afectos, o los
idealizan como a sus salvadores. Otras en cambio,
pueden entrar en cadenas de relaciones abusivas o maltrato. El remedio
en estos casos, aunque sea duro, sugiere la necesidad de entablar relaciones solo
cuando la autoconfianza sea mayor.
El ´esquema
de la desconfianza`: originado en el abuso intencional, físico o emocional, es
entendible que sus estrategias sean la inseguridad y el retraimiento. Por eso
algunas de las personas presas del mismo o vigilan sin cesar a sus afectos, o los
idealizan como a sus salvadores. Otras en cambio,
pueden entrar en cadenas de relaciones abusivas o maltrato. El remedio
en estos casos, aunque sea duro, sugiere la necesidad de entablar relaciones solo
cuando la autoconfianza sea mayor.
El ´esquema
de la imperfección`: presente en las personas que tienen la sensación de no
merecer amor, suscita humillación y vergüenza. Enraizado en la hipercritica y
desaprobación de los demás: padres, tutores, maestros, etc. determina que las
mismas acepten el ´veredicto` de los otros, capitulando y
escondiéndose, o bien, mostrándose arrogantes o necesitados de la adulación
ajena. Combatir tal esquema requerirá desafiar los pensamientos que nos
llevan a dudar de nosotros mismos, pero sobre todo, aceptar que las personas
que nos quieren lo hacen tal y como somos.
Y como os
decíamos, en breve nos adentraremos en los miedos sociales, en los
interpersonales. Por lo pronto, quedamos a vuestra disposición. Estaremos
encantados de ayudaros.
Podéis
llamarnos al 616 02 38 22, o
escribirnos
a sergiolopezcastro.tf@gmail.com
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