martes, 23 de mayo de 2017

Autocuidado, emociones e historia (II)

Respecto a las emociones, históricamente algunos han proclamado que debe buscarse su armonía, otros que solo hay que cultivar la alegría o el placer; otros en cambio, que cualesquiera que sean han de experimentarse, pero también existen quienes dicen que hay que negarlas o descartarlas. En el fondo, posturas que responderían a dos grandes orientaciones: una que las dotaría de significación y otra que no. 

Dentro de las teorías que les reconocerían significado, las emociones vendrían a referirse a la conservación, y el desarrollo, el cumplimiento de deberes y la realización de intereses de todo individuo, con lo cual, implícita o explícitamente, se estaría reconociendo que la naturaleza necesariamente racional de la naturaleza en la cual el hombre vive no es tal. Por contrapartida, las teorías que no le reconocerían significado, al considerar el mundo como una totalidad racional perfecta, garante de la existencia y necesidades individuales, obviamente no conciben espacio para el ´pensamiento confuso` (Spinoza, Leibniz, Wolff) y la ´accidentalidad empírica` (Hegel) que serían las emociones.

Revisando sumariamente la historia de la filosofía, Platón en el Filebo (Sócrates vs. Protarco) contrapone dolor y placer, esto en relación a los dominios de la razón, el apetito (componente positivo) y el espíritu (componente negativo) en los que dividía a la psijé (mente) o alma. Trilogía que en la actualidad se correspondería con la cognición, la motivación y la emoción psicológicas. 

Aristóteles por su parte, en su Retórica, entiende las emociones como toda afección del alma acompañada siempre de un dolor o placer que advertirían del valor que para la vida tienen las afecciones mismas. De este modo, a diferencia de Platón, las partes del alma, racional e irracional, conformarían una unidad, con lo cual las emociones vendrían a poseer o vincularse con elementos racionales como las creencias y las expectativas, de donde que pueda considerarse como un precursor de las teorías cognitivas de la emoción.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Autocuidado, emociones e historia (I)

Decimos siempre que para cuidarnos no bastan ni un poco ni cualquier soledad y silencio. Por el contrario, vemos que el mejor autocuidado se cimenta en la soledad que nos transforma y en el silencio que nos acalla para enseñarnos a hablar de nuevo. Dos requisitos que al emparentar con la confianza y la paciencia, suponen tiempo. Pero claro, en este largo y progresivo camino que podríamos llamar de ´auto-compasión para ser compasivos`: ¿por dónde tendríamos que comenzar?, ¿qué tendríamos qué hacer o en todo caso, no-hacer?

En general, no somos conscientes de que estamos pensando prácticamente todo el tiempo. Por lo tanto, que es la incesante corriente de pensamientos que fluye por nuestra mente la que no nos permite experimentar las mejores soledad y silencio. De hecho, dejamos muy poco espacio para simplemente ser, sin tener que correr de aquí para allá. Con demasiada frecuencia no llevamos a cabo nuestras acciones de manera consciente, sino que nos dejamos arrastrar por una especie de torrente que termina llevándonos a lugares a los que no deseábamos ir o a los que ni sabíamos que nos dirigíamos. Actuamos desde emociones, pensamientos e impulsos que corren por nuestra mente como un río.


Todo este mundo de reacciones y modos de hacer, es el que debemos aprender a traspasar. ¿Para qué? Pues para concentrarnos en lo que ya somos y hemos olvidado, para volver a casa. ¿Cómo? Pues conviviendo con lo que hay, hasta que la estructura de nuestra personalidad comience a agrietarse y ensancharse, tanto, que un día se resquebrajará, y como una flor nacerá de nuevo. 

En breve continuamos... en tanto, podéis escribirnos o llamarnos:
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 4  - 50006, Zaragoza
616 02 38 22

sábado, 22 de abril de 2017

Cartografiando emociones. Nuestra rabia (II)

Decíamos hace poco que la rabia, más allá de la intensidad con que se presente, siempre alienta en nosotros un irrefrenable diálogo interno. Un ´run-run` lleno de razonamientos adversos, pero a la vez profundamente persuasivos. Por eso, teniendo en cuenta que siempre se va a relacionar con hechos donde, o hemos estado haciendo más de lo que queremos, o algo ha sobrepasado nuestros límites, vendrá bien examinarla internamente antes de darle rienda suelta.

Ello nos permitirá contactar con la naturaleza de nuestra fragilidad, precisando el tipo de situaciones ante las que nos sentimos invadidos. Pero sobre todo, nos posibilitará descubrir las creencias limitantes que, como interruptores inconscientes, activan nuestro enjuiciamiento de los hechos; nuestro predisponernos a determinadas lecturas y vivencias. Dos cuestiones que nos ayudarán a gestionar la emoción, pero también poner su energía a nuestro servicio.

Pero volvamos sobre las creencia limitantes que activan la reacción. Ello porque no debemos olvidar que cuando algo o alguien nos enfada o irrita, son en realidad nuestros juicios y criterios los que nos determinan emocionalmente. De ahí el intento, antes que nada, de no ser arrebatados por la representación o interpretación que tenemos de las cosas.   


En el caso de la rabia, puntualmente frente a la sucesión de pensamientos siempre vinculados a la misma, será fundamental aprender a quitar peso a nuestras certezas y buscar lo más pronto posible un punto de vista diferente a los que nos son habituales. De no hacerlo, seremos nosotros mismos quienes nos provocaremos una irritación mucho más intensa que la dada al comienzo de la secuencia.

De esta manera podremos evitar el secuestro emocional que tantas veces dejamos se produzca frente a lo que nos supera, pero también el debilitamiento de nuestras resistencias.
Acaso no sabemos que cuando gestionamos mal nuestros enfados, nos hacemos cada vez más sensibles e irritables, predisponiéndonos a enojarnos por razones insignificantes de modo cada vez más frecuente.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cartografiando emociones. Nuestra rabia (I)

Junto al miedo y la tristeza, la rabia cumple una función evolutiva, es decir, nos ayuda en cierta manera a sobrevivir. Pero claro, no siempre sabemos cómo hacer que dicha supervivencia se dé en los mejores términos. De hecho ya Aristóteles decía que ´enfadarse es algo muy sencillo. Cualquiera puede hacerlo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente no resulta tan sencillo`. Una observación que de lleno nos conduce a observar la dinámica interna de la emoción en cuestión. Ello porque como dicen algunos, se trata de la más seductora, léase: compleja, de todas.

Y no porque como seducción nos conduzca por el camino de las mieles, sino todo lo contrario. En efecto, más allá de la intensidad con que la rabia se presente, ya como un simple enfado o un auténtico ataque de ira, siempre alentará un irrefrenable diálogo interno. Un ´run-run` lleno de razonamientos adversos e ingobernables, pero a la vez profundamente persuasivos. El ´coctel` suficiente como para reafirmarnos en nuestras creencias. Las ciertas y las no tan ciertas. Por eso, antes de pasar a ver cómo gestionarla, veamos qué ideas se vinculan a ella y cómo, en bruto, podemos utilizarla para obtener información de utilidad sobre nosotros mismos.

El enfado, la rabia y la ira, como grados diferentes de una misma reacción, siempre se relacionan con dos hechos:
    a- estamos haciendo o dando más de lo que queremos.
    b- algo o alguien ha sobrepasado nuestros límites; por eso la sensación primera de injusticia antes que de amenaza.

De ahí la importancia de escuchar nuestra propia reacción, de vivirla y experimentarla. De verla interiormente, no de darle rienda suelta. Ello nos permitirá contactar con:
    a- la naturaleza de nuestros límites.
    b- el talante de nuestros pensamientos.
    c- las situaciones ante las que nos sentimos invadidos.
    d- nuestra capacidad de adoptar conductas asertivas. Ni agresivas, ni cobardes.
Pues sí que puede decir mucho nuestra rabia. En breve, más… 

lunes, 22 de agosto de 2016

Cartografiando emociones. Nuestra tristeza (II)

En relación a la tristeza, hay que decir que la capacidad de recuperar la esperanza tras los obstáculos que la originan y así encaminarnos hacia una visión optimista de la vida no es algo que esté naturalmente dentro de nosotros, pero tampoco fuera. Está a medio camino; ello porque el desarrollo individual permanece vinculado al desarrollo social. Las personas resignificamos y grabamos en nuestra memoria los hechos que nos ocurren, según las reacciones emocionales de quienes nos rodean o de la cultura en la que estamos inmersos.

Por eso las grandes tristezas no desaparecen, mutan en todo caso hacia algo que nos acompañará el resto de nuestras vidas. Algunas veces, una cicatriz saneada, cerrada. Otras, un volcán dormido que nos habita a todas horas. De ahí que lo primero sea siempre evitar la trampa de la resignación. Y lo segundo, intentar recuperar el espacio vital robado. ¿Cómo? Pues optando por mirar a la cara a nuestra tristeza para así transformarla.´El dolor se va solo cuando hemos aprendido de nuestras lecciones`decía Elizabeth Kübler-Ross.

Y como parte esencial de ese mirar, asumir que la tristeza, o mejor dicho, la pérdida que está en su raíz, conllevará un complejo proceso de duelo. Proceso que la propia Kübler-Ross protocolizó. Así, al primer estadio de la negación o no aceptación, seguirán el de la ira y la negociación. Tres etapas que con su relativa duración nos irán haciendo pasar del entumecimiento y la inacción primeras a un cierto intento de recuperación o cambio vital. Seguidamente, la depresión, la impotencia profunda ante lo perdido. Finalmente, la aceptación como modo de incorporar en nuestra vida la pérdida sufrida, un modo activo de hacernos con la realidad y sus límites muy alejado de la resignación.

Pero entre tanto, como formas efectivas de ahuyentar la tristeza y mejorar el duelo, recordemos dos cosas. Primero, son siempre más satisfactorias las buenas acciones que las placenteras. En efecto, las actividades hedonistas no incrementan la sensación de bienestar, por el contrario, sí las actividades significativas.

Segundo, maximizan el bienestar los cambios intencionados antes que los circunstanciales. Cambiar de casa, coche o país donde residir puede producir un alto nivel de satisfacción, pero el mismo será más efímero que cualquier otro cambio vinculado al esfuerzo progresivo, ya sea conquistar una meta o desarrollar una nueva actividad.  

miércoles, 10 de agosto de 2016

Cartografiando emociones. Nuestra tristeza (I)

Al igual que el miedo y la rabia, la tristeza cumple una función evolutiva. Frente a las situaciones de pérdida o el fantasma de la añoranza, la hemos necesitado y la seguimos necesitando para sobrevivir. Aunque claro, no todos nos enfrentamos a ella de la misma manera, de hecho algunas personas son incapaces -hasta clínicamente- de resistir los embates de la vida. Con todo, la mayoría somos suficientemente tesoneros de cara a la adversidad; incluso algunos muestran una especial capacidad ante lo que para otros sería traumático… acaso no conocemos o nos encontramos con resilientes a diario.

La tristeza en sí misma es un estado psico-físico complejo y pertinaz. De hecho, cuando su señal de alarma suena, todos los rincones de nuestra vida son afectados, haciendo de la existencia un camino árido y solitario. En efecto, hoy sabemos que cuando irrumpe afecta a cerca de setenta áreas cerebrales: las que procesan el conflicto y el aislamiento social, la memoria y los centros de recompensa del cerebro, la capacidad de atención y las sensaciones físicas, sobre todo inhabilitándonos para gestionar el gran o pequeño desastre que ha golpeado a nuestras puertas.

Dice Elsa Punset [2009, Inocencia Radical] que en su cruda esencia es un mecanismo defensivo ante el miedo a la perdida. Pero claro, de primeras no lo vivimos así, porque cuando estamos tristes sentimos fundamentalmente dolor. Dolor que vendría a expresar el anhelo de lo que fue o de lo que pudo haber sido. Así, la tristeza -siempre más difusa que el dolor objetivamente causado por esto o aquello- surge porque algo hemos perdido, o porque no hemos podido encontrar aquello que hubiese podido colmar los deseos y vacíos de nuestras frágiles vidas.

En breve, algunas líneas sobre las maniobras con que intentar enfrentarnos a la misma…

Mientras tanto, escribidnos a llamadnos.
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
616 02 38 22
Saludos cordiales.

jueves, 17 de marzo de 2016

Cartografiando emociones. Nuestros miedos (V)

Dentro del esquema que hace a los miedos interpersonales o sociales, vamos a detenernos hoy en los relacionados con las capacidades de logro, con las metas que nos proponemos. Existen al respecto dos dinámicas: la del ´fracasado` en la que la frustración o la decepción serán las sensaciones típicas aún cuando se tengan indicios de éxito, y la del ´perfeccionista` en la que la sensación de valía vendrá dada por lo que se consiga, no por lo que se es.

Originadas respectivamente en la experiencia de exigencias exageradas y en la ausencia de plenos beneplácitos durante la infancia, ambas dinámicas determinarán personalidades muy diferentes. En el caso del fracasado supondrá el esperar siempre poco respecto a sus metas. En el caso del perfeccionista, demasiado.

De este modo, el adulto del primer tipo será aquel que cree no merecer triunfar, de donde sus comportamientos: no arriesgar, no intentar nada nuevo, no cumplir los plazos acordados. En cambio, el del segundo tipo será el que retándose sin cesar, trabajará siempre más duro que los demás. Será el típico austero, con tiempo solo para el desarrollo laboral o profesional. Dos formas evidentemente engendradoras de miedo, dada la inexacta lectura que hacen de la realidad.

¿Qué hacer frente a las mismas? Pues lo de casi siempre. Detectar consistentemente las propias fortalezas y así comenzar a frenar las actitudes de hipercrítica y autoexigencia.

Con esto, damos por terminada nuestra breve cartografía del miedo. En breve intentaremos lo mismo con el resto de nuestras emociones. En particular las disfuncionales; el dolor y la rabia.

Mientras tanto, podéis escribirnos a llamarnos. Estaremos encantados de escucharos o atenderos.
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006, Zaragoza
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
facebook.com/terapiafilosoficasergiolopezcastro
616 02 38 22

viernes, 11 de marzo de 2016

Cartografiando emociones. Nuestros miedos (IV)

Retomamos hoy la ´cartografía de nuestros miedos`. Hemos dejado atrás los relacionados con nuestra intimidad. Toca por tanto, comenzar con los que más afectan nuestra relación con los otros, sea en lo laboral, lo familiar o lo social. Como con los miedos intrapersonales, en este caso: el de los interpersonales, también contamos con diferentes esquemas. Comencemos por dos de ellos:

El esquema del excluido: las personas aquejadas por este modelo relacional suelen quedarse en la periferia de la vida social porque temen el rechazo de los demás. Aparecen aquí el niño con el que nadie quería jugar, el que tuvo una familia diferente o el que simplemente no solía encajar. De ahí que las estrategias típicas en este caso consistan en evitar los grupos donde eventualmente pueda haber rechazo, o simplemente estar en esos grupos u otros, sin participar. Aunque también puede darse el hecho de empeñarse por ser el miembro perfecto de los mismos. ¿Qué hacer? Pues un antídoto eficaz consistirá en retar de forma consciente y práctica, este miedo a no pertenecer.


El esquema del miedoso: En este caso hablamos de vulnerabilidad y pérdida de control. Las causas pueden ser muchas: miedos reales o imaginados, referencias familiares alarmistas o catastrofistas, situaciones de indefensión, etc. El comportamiento propio de este modelo es el de la prudencia exagerada, el del temor permanente y marcado. El remedio, como en el caso anterior, retar estos miedos para recuperar así un espacio más amplio donde poder disfrutar de la vida.

En breve, los esquemas restantes...
Mientras tanto, como siempre, podéis escribirnos a llamarnos. Estaremos encantados de escucharos o atenderos.
c. Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006, Zaragoza
sergiolopezcastro.tf@gmail.com
facebook.com/terapiafilosoficasergiolopezcastro
616 02 38 22

lunes, 29 de febrero de 2016

Cartografiando emociones. Nuestros miedos (III)

De los llamados miedos intrapersonales, es decir, de los que -de modo objetivo o no- más directamente atentan contra nuestra intimidad o aquello que más queremos, nos detendremos hoy en los dos últimos. Recordando que siempre responden a una causa, se manifiestan según un patrón más o menos claro y tienen puntuales caminos de salida, sus esquemas son:

El ´esquema de la desconfianza`: originado en el abuso intencional, físico o emocional, es entendible que sus estrategias sean la inseguridad y el retraimiento. Por eso algunas de las personas presas del mismo o vigilan sin cesar a sus afectos, o los idealizan como a sus salvadores. Otras en cambio,  pueden entrar en cadenas de relaciones abusivas o maltrato. El remedio en estos casos, aunque sea duro, sugiere la necesidad de entablar relaciones solo cuando la autoconfianza sea mayor.

El ´esquema de la imperfección`: presente en las personas que tienen la sensación de no merecer amor, suscita humillación y vergüenza. Enraizado en la hipercritica y desaprobación de los demás: padres, tutores, maestros, etc. determina que las mismas acepten el ´veredicto` de los otros, capitulando y escondiéndose, o bien, mostrándose arrogantes o necesitados de la adulación ajena. Combatir tal esquema requerirá desafiar los pensamientos que nos llevan a dudar de nosotros mismos, pero sobre todo, aceptar que las personas que nos quieren lo hacen tal y como somos.

Y como os decíamos, en breve nos adentraremos en los miedos sociales, en los interpersonales. Por lo pronto, quedamos a vuestra disposición. Estaremos encantados de ayudaros.
Podéis llamarnos al 616 02 38 22, o
escribirnos a sergiolopezcastro.tf@gmail.com

miércoles, 24 de febrero de 2016

Cartografiando emociones. Nuestros miedos (II)

Continuamos hoy con la cartografía de nuestros miedos...
Decíamos que respecto al área intrapersonal -en concreto la que por íntima es donde más nos jugamos el bienestar propio y el de los seres queridos- hay una serie de esquemas o modelos operativos respecto a lo que realmente nos amenaza o pensamos puede sobrevenir como tal. Fue así que hablamos del llamado ´esquema del abandono`. Revisemos ahora, los restantes. 

El ´esquema de la privación`: originado en el hecho o la creencia de que nadie se fija en nuestras necesidades profundas, se manifiesta como hambre constante de atención, calidez y afecto. De ahí, el recurrente modo de disimular las propias carencias: o exigiendo de manera constante afecto y atención, o intentando agradar siempre y sistemáticamente. Casos en los que convendrá indagar hasta dónde -de forma saludable claro- se puede y debe ser indiferente a los demás. Esto en el sentido de que nadie -frente a necesidades como el respeto, la estima, la felicidad- puede ser mejor proveedor que nosotros mismos.Y por supuesto, aprender a expresar de manera equilibrada aquello que deseamos, teniendo en cuenta que los otros son solo compañeros de camino, por lo tanto, unos ´otros`a los que no hay que dar potestades que no corresponden.

El ´esquema del dominado`: hijo del control explicito o encubierto, engendra desconocimiento acerca de las propias preferencias. ¡Siempre se ha hecho lo que otros han decidido! Quien sea víctima de este esquema necesitará aprender a reconocer y comunicar asertivamente sus necesidades y deseos.

Pues bien, hasta aquí los esquemas más frecuentes de nuestros miedos íntimos. En breve terminaremos con ellos y entonces nos adentraremos en los miedos sociales, en los interpersonales. Y como ya sabéis, quedamos a vuestra disposición. Estaremos encantados de ayudaros.
Podéis llamarnos al 616 02 38 22, o
escribirnos a sergiolopezcastro.tf@gmail.com

martes, 16 de febrero de 2016

Cartografiando emociones. Nuestros miedos (I)

De entre las emociones digamos que problemáticas, el miedo y su particular variable: la ansiedad, en tanto cara y cruz de una única experiencia, son sin duda las más incómodas. De hecho, ante la amenaza que las determina, inquietud y zozobra se instalan invasivamente en nosotros. Por eso será tan importante saber cuándo hablar de una y otra. Solo cuando la amenaza es definida, estamos ante el miedo, o el pánico según sea el objeto al que temer. Pero cuando la amenaza es indefinida, cuando su objeto es un producto intrapsíquico, o lo que es lo mismo, solo existente dentro de nosotros (y ello también de manera bastante imprecisa) la cosa cambia. Estamos en este caso ante la ansiedad. Molestísima y extraña alerta ante intuidos peligros para lo que son nuestra identidad y autoimagen. De ahí su poder más inhibidor; ello por afectar precisamente a lo intelectual y cognitivo.

De todos modos no siempre la ansiedad es tan negativa. Muchas veces puede ayudar a afrontar las situaciones insólitas de la vida, o simplemente a registrar que el límite y la vulnerabilidad son parte de la naturaleza humana. En este sentido, estaríamos frente a la ansiedad causante del llamado estrés positivo. Con todo, toca detenernos en aquellos casos donde ésta sí se convierte en un auténtico problema. Precisamente por no comprender la persona, la causa de su malestar dado que su capacidad de juicio está siendo afectada. Entonces su emotividad se manifestará como la de alguien asustadizo e irritable, tendiendo a reducir al máximo sus relaciones interpersonales. Con lo cual vemos que quedan afectados tanto el plano íntimo como el social. El mundo de nuestro ´estar` con nosotros mismos, los amigos, la pareja, y el mundo de nuestro ´estar` más colectivo, menos individual.

Los estudiosos del tema suelen señalar cinco esquemas para cada área. Cinco ´formas del miedo` para el plano intrapersonal y cinco para el interpersonal. Formas que genéricamente identificamos como miedos, pero que sabemos aluden o son el germen de nuestras ansiedades. Dentro de la primer área, comencemos por el denominado ´esquema del abandono`. 

Enraizado en las pérdidas reales o simbólicas, produce tristeza y sensación de aislamiento. De ahí sus estrategias más firmes: agarrarse con fuerza a lo que tememos perder, no emitir quejas ni necesidades, e incluso abandonar las relaciones para evitar ser abandonados. ¿Qué remedio sugerir ante semejantes reacciones? Pues admitir que sentirse bien, aún en soledad, no es ningún contrasentido. Que ser felices de modo radical depende de una decisión personal. Pero en breve, más…

domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Cómo empezar a construir una comunicación plena?

     Volvemos hoy, ya para terminar, sobre los presupuestos teórico-metodológicos de la PNL. Presupuestos con los que este modelo de comprensión (y a la vez relación de ayuda) del comportamiento humano, fundamentalmente quiere presentarse como efectiva herramienta comunicacional. ¿Por qué? Pues sencillamente porque toda ayuda o cuidado: social, educativa, sanitario-terapéutica, inter e intrapersonal, necesita sí o sí de niveles satisfactorios de comunicación.
     De ahí que, desde el círculo de bienestar que conforman CUIDADO - COMUNICACIÓN - COMPRENSIÓN, la PNL, en sus presuposiciones, concluya mirando a la gran aportación de la hipnoterapia de Milton Erickson (1901-1980). En efecto, a ello alude cuando sostiene que toda comunicación para ser plena, para cuidar y curar, debe comenzar por sintonizar con el otro con el que se produce el encuentro. Sintonía con un otro, pero también con su interpretación del mundo.
     Habla y hablamos entonces de rapport, del contacto que basado en la triple sintonía de lo emocional, lo psico-existencial y lo físico constituye la gran respuesta a la pregunta sobre cómo empezar a construir una comunicación plena. De este modo, con este derivado del antiguo verbo francés rapporter: verbo que literalmente significa llevar algo, a cambio de… estaríamos ante la dinámica relacional por la cual lo que enviamos, comunicacionalmente hablando, al otro, este nos lo devuelve. Dinámica imprescindible en el inicio de toda ayuda, ya que como intercambio de información será básica para optimizar la relación.
     Dicho esto, reparemos mejor en los elementos llamados a confluir en este contacto en sintonía. En primer lugar en lo emocional; en la positividad con que los interlocutores deben acoger el estado anímico del otro. Claro que atendiendo siempre al tipo de relación establecida. Así, no será lo mismo acogerse entre pares: amigos, hermanos, pareja que entre individuos vinculados jerárquicamente: padres e hijos, maestros y alumnos, jefes y subordinados. Con todo, el nivel emocional conflictivo o problematizador dado en el encuentro, nunca debería ser motivo de censura o minusvaloración.
     En segundo término, el rapport debe velar por un alto nivel de atención de lo que psico-existencial sucede en el encuentro, y de cómo eso que sucede se expresa. Es decir, tiene que ser sumamente cuidadoso, en el captar y respetar, la situación descriptiva y comprensiva en la que el otro está, se mueve y se dice. Toca aquí privilegiar el valor del lenguaje. Finalmente, tiene que ser capaz de decir, de un interlocutor a otro: soy como tú, puedes confiar. Desafío en el cuál, el acoplamiento físico (como gustaba decir a Erickson), el coordinarse como espejos uno y otro, va a ser fundamental. Se privilegia entonces la sintonía física, los cuerpos hablan desde la armonía.
     Sintetizando lo dicho, tres ideas a auto-decirnos al comunicarnos con el otro:
     a) Acepto y acojo lo que te afecta… tu rabia, tu dolor, tu miedo.
     b) Entiendo lo que dices, tu análisis y comprensión de lo que sucede.
     c) Soy como tú. Comparto tu estar físico, me acoplo a él, no me diferencio.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Conviene o no, cuestionar nuestros esfuerzos?

Seguramente diríamos que en medio de todo proyecto, cualquier cuestionamiento significaría una perturbación. Por tanto, algo a evitar si realmente queremos seguir adelante con lo que nos hemos propuesto. Sin embargo, si recordamos que según la PNL ´todos contamos con los recursos necesarios para realizar los cambios deseados`, podremos comprender que las cosas no son así.

En efecto, si tenemos en cuenta que una vez instalados en el umbral de lo que creemos y deseamos como mejor, el cambio comienza a operarse por sí mismo, de dentro hacia afuera, retroalimentándose en ello, aceptación, recursos y confianza, es fácil ver que todo empeño mejorará en tanto y en cuanto lo hagamos revisable.´El esfuerzo positivo de una persona se mantiene constante mientras el valor y la adecuación de la conducta interna y/o externa sean cuestionados`, reza la PNL. Es decir, no hay progreso sin revisión. O lo que es lo mismo, que todo cambio, en el momento de su consecución requerirá hacer las preguntas adecuadas.


Preguntas que como problematizadoras, deberán tener en cuenta dos cosas. Primero, evitar ser absorbidos por la negatividad propia de la ansiedad por lo que viene, por lo que desconocemos. Negatividad que enrocada solo en la experiencia de lo limitante puede terminar por ahogar el cambio vislumbrado. Segundo, apostar por la positividad. Positividad que cimentada en el deseo que moviliza el esfuerzo, nos llevará a hacer cuestionamientos realistas, pero no paralizadores. Lúcidos, pero no derrotistas.

¿Lo que estoy haciendo es lo mejor que puedo hacer? ¿De qué forma puedo superar esta o aquella dificultad? ¿Cómo puedo mejorar lo que ya estoy realizando? ¿De qué otra forma podría desarrollar esto para que el resultado sea más sano y se ajuste mejor a mi deseo? Se tratará en definitiva, de aprender a problematizar inteligentemente nuestro esfuerzo ¿Cómo? Recurriendo fundamentalmente, a la hora de chequear el propio afán, a la dimensión ´deseante` antes que a la ´limitante`.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El ´diente de león` nos dice que los seres humanos podemos conseguir...

Nuestros antepasados supieron ver en la Naturaleza los designios de la Vida, por eso, observarla, escucharla e interpretarla fue clave para el conocimiento de sí mismos y del entorno. Por eso te proponemos contemplar, de esa Naturaleza, uno sus milagros. El del ´diente de león`.

Cuando veamos un campo repleto de ellos, tengamos en cuenta que estamos frente a un viejo superviviente; a un experto en adaptación, capaz de ser inmune tanto al fuego como a los animales de madriguera. Intentemos percibir su evolución, de flor a pelusa conformada por un sin fin de semillas que no tienen miedo a ser vapuleadas por cualquier ráfaga de viento.

Creemos que estas características, este sentido de adaptación, inmunidad y evolución hacen del ´diente de león` el ejemplo y la metáfora más afín a nuestra propuesta. ´Diente de León` quiere ser un espacio terapéutico y de crecimiento. Como la flor misma: de raíces firmes, pero flexible a la vez. Delicado, sutil y rico en sugerencias.

El ´diente de león` nos dice que los seres humanos podemos conseguir lo que él, adaptarnos, evolucionar y vivir en plenitud tanto a nivel individual como colectivo. En las situaciones y los espacios que toquen. 
Y en ´Diente de León` lo creemos así, por eso te invitamos a que sigas nuestra propuesta, a que te sumes como ´miembro`a nuestro blog.

viernes, 28 de agosto de 2015

Las personas tenemos varios niveles de comunicación...

La comunicación entre seres humanos, sea cual sea la cuestión que tratemos, no solo ocurre a nivel de procesos conscientes, esos que creemos diseñar y controlar, sino también a niveles más profundos. Niveles donde inciden procesos menos evidentes tales como los inconscientes, e incluso (sí admitimos una cierta ontología) más hondos como son los existencial-espirituales.

Por eso, cuando la PNL sostiene que ´todos los individuos tienen varios niveles de comunicación`, alude a la necesidad de lograr la mayor congruencia posible entre dichos niveles. Entre el evidente, donde aparece la información dada a conocer, la que se manifiesta y esos otros de donde procede, de forma latente, lo que deseamos ocultar o simplemente desconocemos: características, temores, deseos y motivaciones.

Claro que dicha congruencia no es fácil de construir. Por eso a veces preferimos vivir solo desde la dimensión de lo que aparece. Aceptando sin más, como si no hubiera otras posibilidades, formas de ver las cosas y formas de actuar ante relaciones y situaciones. Ignorando qué pueda explicarlas o motivarlas.

Por eso, para no predeterminarnos a la incongruencia vital, esa que más pronto que tarde toda comunicación refleja, debemos acceder al mundo profundo que nos explica y motiva. Algo para lo que quizá sea bueno empezar por plantearnos cosas como estas: 
- ¿con qué actitud física, mental y afectiva me comunico y con cuál atiendo a la comunicación de los demás?
-  ¿soy claro y equilibrado a la hora de construir mis relatos?

¿Presto atención a lo que se me dice? ¿Escucho o estoy pendiente de mis propios pensamientos, preocupado por mis cosas, mis devaneos mentales o lo que eventualmente responderé? ¿Soy capaz de precisar lo fundamental de aquello que se me comunica o comunico, en particular cuando el relato está lleno de detalles? ¿Soy capaz de construir con el otro nuevos relatos, donde ambos, cooperativamente, expliquemos y nos expliquemos?

Como veis, una forma sencilla de auto-observación, que si la practicáis honestamente veréis todo lo que da de si en tanto acceso a lo que está por debajo de lo consciente...

miércoles, 19 de agosto de 2015

Todo comportamiento está (o estuvo) inspirado por una intención positiva...

Dice el dicho popular que ´el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones`. Sin duda, una forma sencilla de subrayar que nuestras intenciones no garantizan la bondad de nuestros comportamientos. Sin embargo, desde muy antiguo la cuestión ha traído de cabeza a filósofos primero y a psicólogos y juristas después. ¿Por qué? Pues sencillamente porque frente a quienes mayoritariamente han pensado y piensan que lo inaceptable de determinados actos tendría su raíz tanto en la visión como en los recursos de los que dispone su autor, tenemos la idea contraria. En concreto, la que reza que existirían actos intencionalmente malos. De este modo, mientras para Sócrates el mal se explicaría por ignorancia y para Spinoza -según su famoso conatus- todo existente no perseguiría más que el bien y la dicha, en la acera de enfrente, Aristóteles y Kant preguntarán por dónde quedaría entonces la voluntad del que elige el mal a sabiendas.

Ciertamente, difícil cuestión. Con todo, al menos a efectos de comprender las acciones personales desde el punto de vista psíquico (no desde el ético), la PNL cuenta con una presuposición que puede echar algo de luz sobre lo que venimos diciendo. En efecto, cuando ella declara que ´todo comportamiento está -o estuvo- inspirado por una intención positiva`, alude a que las frecuentes incongruencias entre intención y resultado, obedecen principalmente a una falta de recursos: la de los necesarios para que la buena intención tome cuerpo. Por lo tanto, bajo este prisma, los problemas surgen cuando los modelos de mundo de los que dispone una persona con ´x` intenciones, le proporcionan pocas opciones para satisfacerlas. Algo que llevado -insistimos- al plano psíquico de nuestras conductas, puede ser útil al momento de comprenderlas. Pero comprenderlas, no justificarlas.

Algunos ejemplos nos ayudarán a entender de qué hablamos. Detrás del comportamiento ´agresivo` existe, frecuentemente, la intención positiva de ´protección`. Tras el ´temor`, la de ´seguridad`. O tras el ´enojo` la intención de que se ´mantengan` determinados ´limites`. En cambio, tras la ´resistencia al cambio` pueden latir el ´deseo de reconocimiento`, el ´respeto por ideas o circunstancias`, y también, la muy común necesidad de ´no salir de la propia zona de confort`. Situaciones de las que se desprende que sí aspiramos a cambiar un comportamiento o establecer alternativas al mismo, las nuevas opciones deberán satisfacer, de algún modo, las intenciones positivas de lo que intentamos modificar. Es decir, si quisiera dejar de fumar, al menos mi nuevo comportamiento debería mantener la intención positiva que hasta el momento me ha llevado a fumar: calmar la ansiedad, suministrarme placer, hacerme parecer…

Pero como ya mencionáramos, que toda acción se base en una intención positiva no la convierte en justificable, no la hace automáticamente aceptable. De donde la importancia de averiguar cuál es esa intención positiva que sustenta nuestras conductas. 


Saberlo, ya que no siempre son conscientes y evidentes, nos posibilitará ir más allá de la repetición frustrante y de la autojustificación irresponsable. Nos permitirá en definitiva, buscar mejores satisfactores, más efectivos y adecuados, para alcanzar eso que nos mueve.

domingo, 9 de agosto de 2015

Todos contamos con los recursos necesarios para realizar los cambios deseados...

Otro de los presupuestos fundamentales de la PNL sostiene que: todos contamos, dentro de ciertas posibilidades, con los recursos necesarios para realizar los cambios deseados. Un principio que para evitar malos entendidos, él mismo ya se encarga -con la especificación del ´ciertas posibilidades` (físicas y perceptivas dirá) de ubicarnos ante su sentido. Así, el presupuesto no alude a cualquier posibilidad, tan solo a las comunicativas. Específicamente a las que entran en juego al momento de todo cambio y particularmente de todo cambio que por deseado, orientamos hacia la eficacia.

Alude por lo tanto a las posibilidades encerradas en aquello que nos decimos y que incluso decimos a otros, como motor y sentido de esas variaciones que constantemente acompañan la existencia. En efecto, cuando nos planteamos la necesidad de ir más allá, o cuando la urgencia de modificar nuestro estado se hace impostergable, sin pensarlo demasiado estamos dando pasos hacia situaciones desconocidas. Situaciones que más allá de generar legítimas ansiedades, hablan de que estamos instalándonos en el umbral de una realidad que deseamos y creemos excelente y plena. De ahí que la aceptemos y hasta nos entusiasmemos con ella.

Pues bien, es entonces cuando el cambio comienza a operarse. Pero veamos que él mismo transcurre de dentro hacia afuera. Que primero sucede o acontece en nuestra mente. Y ocurre así, porque ´cambio` en tanto decisión y ´recursos` en cuanto favorecedores del mismo, pueden retroalimentarse positivamente a partir de la aceptación antedicha. Aceptación a la que, sin casi solución de continuidad, sucederá otra gran actitud: la de la confianza.


De este modo, con la aceptación y la confianza en curso, estamos ante los transmisores que permitirán que los sentidos de flexibilidad y apertura, tan necesarios a todo cambio, se activen. Por tanto, como actitudes comunicativas: en el sentido de lo que nos auto-decimos y decimos, éstas serán la argamasa, la condición sobre la que cada uno, con sus particularidades, edificará el propio proceso de transformación.

viernes, 24 de julio de 2015

Tiene el control la persona con más alternativas...

Siguiendo con los presupuestos básicos de la PNL, uno de ellos sostiene que: tiene el control la persona con más alternativas. Algo que a simple vista puede parecer inadecuado dado el regusto a manipulación que el propio principio suscita. De hecho, lamentablemente, muchos de los entrenamientos que hoy se estilan -desde los personales hasta los deportivos o comerciales, incluso los políticos- suelen sostenerse en dicha idea en tanto principio firme de determinación. Algo así como: ´sí juego con todas estas estrategias no se me escapará ningún objetivo`. Hecho a las claras, pervertidor del principio, dado que la cuestión no pasa por la eficacia de las estrategias que diseñemos, sino por la virtud de los objetivos planteados. Tener todos los medios, no valida cualquier fin.

¿A qué alude entonces el presupuesto pnlista? Teniendo en cuenta que la PNL parte de una concepción sistémica de la realidad, es decir, de una concepción donde todo lo real sucede y se explica reticularmente, en red, el mismo viene a decirnos que frente a diferentes estímulos, el elemento con mayor variedad de respuestas, será el que ejerza el control sobre la situación o sistema. Así, frente a una determinada cuestión, problema o propósito, cuanto más desarrollemos nuestra capacidad de comprensión del asunto, por lo tanto de su gestión, mayor precisión alcanzaremos en la consecución de lo bueno o exitoso vinculado a ello. Sí frente a lo que sucede, aumentamos la captación, la adaptabilidad, la flexibilidad y la creatividad, nos permitiremos un mejor acercamiento al mundo.

Un hecho que sin duda nos salvará de echarle quejosamente la culpa de todo a las circunstancias externas: ´qué si la gente`, ´qué si la suerte`.... En el fondo, porque el principio en cuestión viene a recordarnos que para alcanzar los resultados deseados ya contamos con los recursos necesarios; solo hace falta identificarlos y usarlos. 

De ello dependerá el mejor control de cara al mejor objetivo: aprovechar la vida y no aprovecharse de ella.

martes, 16 de junio de 2015

En la comunicación no hay errores, solo resultados...

Solemos creer que comunicar está relacionado con hablar, con transmitir un mensaje a través de un determinado lenguaje. Sin embargo, cuando la PNL postula que el significado de la comunicación está relacionado con el resultado de la misma, o lo que es lo mismo, que el resultado de la comunicación es la respuesta que obtenemos, nos está advirtiendo de lo errónea que puede llegar a ser dicha creencia.

En efecto, aunque hablar hablamos todos (de hecho desde que hemos aprendido a hacerlo difícilmente callamos), muy pocas veces comunicamos en el sentido propuesto. Algo que por otra parte toca con un hecho paradójico. ¿CuáL? Pues que la comunicación interhumana viene a cotizar en baja, precisamente cuando más la comprendemos como fenómeno y a la par existen unos medios a su servicio, inimaginables hace años.

Las razones de esta contradicción son complejas. Yendo desde lo insuficiente que puede ser el lenguaje en cuanto instrumento, a que las necesidades a comunicar de época en época van mutando. Pero pasando sobre todo, por el hecho de que cuando dos o más se encuentran, el contacto es siempre tangencial o secundario. Lo que allí se expresa son formas e imágenes prestadas, proyecciones más de lo que se quiere ser que de lo que realmente se es.

De ahí la necesidad de preguntarse siempre qué es lo que se comunica, cómo es la interacción que establecemos y cuánto queda por comunicar, o en todo caso por diferir o aparcar. No se trata de ´soltar` sin más lo pensado en aras de la sinceridad o espontaneidad (las más de las veces suele ser mortal decir lo primero que se nos ocurre), sino de ser previamente conscientes del mensaje que queremos transmitir, su finalidad y el resultado que esperamos obtener. Un cálculo que no tiene nada que ver con ser menos veraces u honestos.

Tener presentes estas preguntas nos permitirá ser más claros al expresarnos, a la vez que auténticos en cuanto a comprender que nos mueve a decir tal o cual. Condiciones necesarias para poder después evaluar todo el proceso comunicativo, ver adecuadamente sus defectos o aciertos y acompasarnos con sus efectos emocionales. En definitiva, para capitalizarlo ante comunicaciones futuras, similares o nuevas.

El secreto de que en la comunicación no haya errores, sino resultados, depende de aprender a poner entre paréntesis ´lo que pensamos` y ´como lo expresamos`.

viernes, 29 de mayo de 2015

Nada sustituye a unos canales sensoriales abiertos y limpios...

Continuamos con las presuposiciones de la PNL. Cuando en ella se dice que Nada sustituye a unos canales sensoriales abiertos y limpios, sabemos que se refiere a los sentidos a través de los cuales contactamos con el mundo que nos rodea, incluso con nosotros mismos. Alude así, a lo que nos es clave a la hora de percibir y elaborar lo que acontece: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto o kinestesia.

Y lo hace en razón de que nuestro pensamiento, lenguaje y comunicación, nuestros productos conscientes, solo son posibles en relación a ellos en tanto accesos por donde entra todo lo que precisamente mueve el mundo de lo mental. En efecto, las personas nos activamos intelectual, emocional y operativamente a partir de los estímulos -externos e internos- que con su provocación, placer o incomodidad tocan nuestra capacidad neurológica.

Pero claro, en el largo camino que va de estos a la mente, son los sentidos los que nos permiten la interacción y construcción de la realidad. Neuro-fisiológicamente, con ellos toca cada estímulo. De ahí la necesidad de que todos estén debidamente abiertos y limpios, es decir, potencialmente aptos en su diversidad y capacidad.

En un intento de simplificación, en el fondo lo que intenta siempre la mente, podemos decir que la realidad, tal como la conocemos, es el resultado de una ´ecuación`. Ello en el sentido de que una serie de señales a las que denominamos inputs entran por las vías sensoriales y son analizadas e interpretadas desde un centro de análisis -la mente- para finalmente alcanzar un resultado: la realidad percibida, nuestra propia realidad.

Por eso, si nuestros sentidos alterasen cualquiera de las variables implicadas en el proceso, la ´ecuación` producirá resultados diferentes. De modo que, cualquier alteración en las señales de entrada a través de la intervención en las vías sensoriales, puede llegar a producir resultados completamente distintos en situaciones y escenarios aparentemente idénticos. De donde la necesidad de la apertura y la limpieza sensorial a la hora de construir el mundo, de hacernos con la realidad.