viernes, 28 de agosto de 2015

Las personas tenemos varios niveles de comunicación...

La comunicación entre seres humanos, sea cual sea la cuestión que tratemos, no solo ocurre a nivel de procesos conscientes, esos que creemos diseñar y controlar, sino también a niveles más profundos. Niveles donde inciden procesos menos evidentes tales como los inconscientes, e incluso (sí admitimos una cierta ontología) más hondos como son los existencial-espirituales.

Por eso, cuando la PNL sostiene que ´todos los individuos tienen varios niveles de comunicación`, alude a la necesidad de lograr la mayor congruencia posible entre dichos niveles. Entre el evidente, donde aparece la información dada a conocer, la que se manifiesta y esos otros de donde procede, de forma latente, lo que deseamos ocultar o simplemente desconocemos: características, temores, deseos y motivaciones.

Claro que dicha congruencia no es fácil de construir. Por eso a veces preferimos vivir solo desde la dimensión de lo que aparece. Aceptando sin más, como si no hubiera otras posibilidades, formas de ver las cosas y formas de actuar ante relaciones y situaciones. Ignorando qué pueda explicarlas o motivarlas.

Por eso, para no predeterminarnos a la incongruencia vital, esa que más pronto que tarde toda comunicación refleja, debemos acceder al mundo profundo que nos explica y motiva. Algo para lo que quizá sea bueno empezar por plantearnos cosas como estas: 
- ¿con qué actitud física, mental y afectiva me comunico y con cuál atiendo a la comunicación de los demás?
-  ¿soy claro y equilibrado a la hora de construir mis relatos?

¿Presto atención a lo que se me dice? ¿Escucho o estoy pendiente de mis propios pensamientos, preocupado por mis cosas, mis devaneos mentales o lo que eventualmente responderé? ¿Soy capaz de precisar lo fundamental de aquello que se me comunica o comunico, en particular cuando el relato está lleno de detalles? ¿Soy capaz de construir con el otro nuevos relatos, donde ambos, cooperativamente, expliquemos y nos expliquemos?

Como veis, una forma sencilla de auto-observación, que si la practicáis honestamente veréis todo lo que da de si en tanto acceso a lo que está por debajo de lo consciente...

miércoles, 19 de agosto de 2015

Todo comportamiento está (o estuvo) inspirado por una intención positiva...

Dice el dicho popular que ´el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones`. Sin duda, una forma sencilla de subrayar que nuestras intenciones no garantizan la bondad de nuestros comportamientos. Sin embargo, desde muy antiguo la cuestión ha traído de cabeza a filósofos primero y a psicólogos y juristas después. ¿Por qué? Pues sencillamente porque frente a quienes mayoritariamente han pensado y piensan que lo inaceptable de determinados actos tendría su raíz tanto en la visión como en los recursos de los que dispone su autor, tenemos la idea contraria. En concreto, la que reza que existirían actos intencionalmente malos. De este modo, mientras para Sócrates el mal se explicaría por ignorancia y para Spinoza -según su famoso conatus- todo existente no perseguiría más que el bien y la dicha, en la acera de enfrente, Aristóteles y Kant preguntarán por dónde quedaría entonces la voluntad del que elige el mal a sabiendas.

Ciertamente, difícil cuestión. Con todo, al menos a efectos de comprender las acciones personales desde el punto de vista psíquico (no desde el ético), la PNL cuenta con una presuposición que puede echar algo de luz sobre lo que venimos diciendo. En efecto, cuando ella declara que ´todo comportamiento está -o estuvo- inspirado por una intención positiva`, alude a que las frecuentes incongruencias entre intención y resultado, obedecen principalmente a una falta de recursos: la de los necesarios para que la buena intención tome cuerpo. Por lo tanto, bajo este prisma, los problemas surgen cuando los modelos de mundo de los que dispone una persona con ´x` intenciones, le proporcionan pocas opciones para satisfacerlas. Algo que llevado -insistimos- al plano psíquico de nuestras conductas, puede ser útil al momento de comprenderlas. Pero comprenderlas, no justificarlas.

Algunos ejemplos nos ayudarán a entender de qué hablamos. Detrás del comportamiento ´agresivo` existe, frecuentemente, la intención positiva de ´protección`. Tras el ´temor`, la de ´seguridad`. O tras el ´enojo` la intención de que se ´mantengan` determinados ´limites`. En cambio, tras la ´resistencia al cambio` pueden latir el ´deseo de reconocimiento`, el ´respeto por ideas o circunstancias`, y también, la muy común necesidad de ´no salir de la propia zona de confort`. Situaciones de las que se desprende que sí aspiramos a cambiar un comportamiento o establecer alternativas al mismo, las nuevas opciones deberán satisfacer, de algún modo, las intenciones positivas de lo que intentamos modificar. Es decir, si quisiera dejar de fumar, al menos mi nuevo comportamiento debería mantener la intención positiva que hasta el momento me ha llevado a fumar: calmar la ansiedad, suministrarme placer, hacerme parecer…

Pero como ya mencionáramos, que toda acción se base en una intención positiva no la convierte en justificable, no la hace automáticamente aceptable. De donde la importancia de averiguar cuál es esa intención positiva que sustenta nuestras conductas. 


Saberlo, ya que no siempre son conscientes y evidentes, nos posibilitará ir más allá de la repetición frustrante y de la autojustificación irresponsable. Nos permitirá en definitiva, buscar mejores satisfactores, más efectivos y adecuados, para alcanzar eso que nos mueve.

domingo, 9 de agosto de 2015

Todos contamos con los recursos necesarios para realizar los cambios deseados...

Otro de los presupuestos fundamentales de la PNL sostiene que: todos contamos, dentro de ciertas posibilidades, con los recursos necesarios para realizar los cambios deseados. Un principio que para evitar malos entendidos, él mismo ya se encarga -con la especificación del ´ciertas posibilidades` (físicas y perceptivas dirá) de ubicarnos ante su sentido. Así, el presupuesto no alude a cualquier posibilidad, tan solo a las comunicativas. Específicamente a las que entran en juego al momento de todo cambio y particularmente de todo cambio que por deseado, orientamos hacia la eficacia.

Alude por lo tanto a las posibilidades encerradas en aquello que nos decimos y que incluso decimos a otros, como motor y sentido de esas variaciones que constantemente acompañan la existencia. En efecto, cuando nos planteamos la necesidad de ir más allá, o cuando la urgencia de modificar nuestro estado se hace impostergable, sin pensarlo demasiado estamos dando pasos hacia situaciones desconocidas. Situaciones que más allá de generar legítimas ansiedades, hablan de que estamos instalándonos en el umbral de una realidad que deseamos y creemos excelente y plena. De ahí que la aceptemos y hasta nos entusiasmemos con ella.

Pues bien, es entonces cuando el cambio comienza a operarse. Pero veamos que él mismo transcurre de dentro hacia afuera. Que primero sucede o acontece en nuestra mente. Y ocurre así, porque ´cambio` en tanto decisión y ´recursos` en cuanto favorecedores del mismo, pueden retroalimentarse positivamente a partir de la aceptación antedicha. Aceptación a la que, sin casi solución de continuidad, sucederá otra gran actitud: la de la confianza.


De este modo, con la aceptación y la confianza en curso, estamos ante los transmisores que permitirán que los sentidos de flexibilidad y apertura, tan necesarios a todo cambio, se activen. Por tanto, como actitudes comunicativas: en el sentido de lo que nos auto-decimos y decimos, éstas serán la argamasa, la condición sobre la que cada uno, con sus particularidades, edificará el propio proceso de transformación.

viernes, 24 de julio de 2015

Tiene el control la persona con más alternativas...

Siguiendo con los presupuestos básicos de la PNL, uno de ellos sostiene que: tiene el control la persona con más alternativas. Algo que a simple vista puede parecer inadecuado dado el regusto a manipulación que el propio principio suscita. De hecho, lamentablemente, muchos de los entrenamientos que hoy se estilan -desde los personales hasta los deportivos o comerciales, incluso los políticos- suelen sostenerse en dicha idea en tanto principio firme de determinación. Algo así como: ´sí juego con todas estas estrategias no se me escapará ningún objetivo`. Hecho a las claras, pervertidor del principio, dado que la cuestión no pasa por la eficacia de las estrategias que diseñemos, sino por la virtud de los objetivos planteados. Tener todos los medios, no valida cualquier fin.

¿A qué alude entonces el presupuesto pnlista? Teniendo en cuenta que la PNL parte de una concepción sistémica de la realidad, es decir, de una concepción donde todo lo real sucede y se explica reticularmente, en red, el mismo viene a decirnos que frente a diferentes estímulos, el elemento con mayor variedad de respuestas, será el que ejerza el control sobre la situación o sistema. Así, frente a una determinada cuestión, problema o propósito, cuanto más desarrollemos nuestra capacidad de comprensión del asunto, por lo tanto de su gestión, mayor precisión alcanzaremos en la consecución de lo bueno o exitoso vinculado a ello. Sí frente a lo que sucede, aumentamos la captación, la adaptabilidad, la flexibilidad y la creatividad, nos permitiremos un mejor acercamiento al mundo.

Un hecho que sin duda nos salvará de echarle quejosamente la culpa de todo a las circunstancias externas: ´qué si la gente`, ´qué si la suerte`.... En el fondo, porque el principio en cuestión viene a recordarnos que para alcanzar los resultados deseados ya contamos con los recursos necesarios; solo hace falta identificarlos y usarlos. 

De ello dependerá el mejor control de cara al mejor objetivo: aprovechar la vida y no aprovecharse de ella.

martes, 16 de junio de 2015

En la comunicación no hay errores, solo resultados...

Solemos creer que comunicar está relacionado con hablar, con transmitir un mensaje a través de un determinado lenguaje. Sin embargo, cuando la PNL postula que el significado de la comunicación está relacionado con el resultado de la misma, o lo que es lo mismo, que el resultado de la comunicación es la respuesta que obtenemos, nos está advirtiendo de lo errónea que puede llegar a ser dicha creencia.

En efecto, aunque hablar hablamos todos (de hecho desde que hemos aprendido a hacerlo difícilmente callamos), muy pocas veces comunicamos en el sentido propuesto. Algo que por otra parte toca con un hecho paradójico. ¿CuáL? Pues que la comunicación interhumana viene a cotizar en baja, precisamente cuando más la comprendemos como fenómeno y a la par existen unos medios a su servicio, inimaginables hace años.

Las razones de esta contradicción son complejas. Yendo desde lo insuficiente que puede ser el lenguaje en cuanto instrumento, a que las necesidades a comunicar de época en época van mutando. Pero pasando sobre todo, por el hecho de que cuando dos o más se encuentran, el contacto es siempre tangencial o secundario. Lo que allí se expresa son formas e imágenes prestadas, proyecciones más de lo que se quiere ser que de lo que realmente se es.

De ahí la necesidad de preguntarse siempre qué es lo que se comunica, cómo es la interacción que establecemos y cuánto queda por comunicar, o en todo caso por diferir o aparcar. No se trata de ´soltar` sin más lo pensado en aras de la sinceridad o espontaneidad (las más de las veces suele ser mortal decir lo primero que se nos ocurre), sino de ser previamente conscientes del mensaje que queremos transmitir, su finalidad y el resultado que esperamos obtener. Un cálculo que no tiene nada que ver con ser menos veraces u honestos.

Tener presentes estas preguntas nos permitirá ser más claros al expresarnos, a la vez que auténticos en cuanto a comprender que nos mueve a decir tal o cual. Condiciones necesarias para poder después evaluar todo el proceso comunicativo, ver adecuadamente sus defectos o aciertos y acompasarnos con sus efectos emocionales. En definitiva, para capitalizarlo ante comunicaciones futuras, similares o nuevas.

El secreto de que en la comunicación no haya errores, sino resultados, depende de aprender a poner entre paréntesis ´lo que pensamos` y ´como lo expresamos`.